
La despedida del ídolo popular sacudió al país, movilizando a miles de personas que convirtieron el Polideportivo Gatica en el escenario de uno de los duelos más masivos que recuerde nuestra historia reciente.
No es solo un músico despidiéndose, es la gente llenando las calles y los estadios para abrazarse entre desconocidos, en un momento donde la solidaridad parece ser el último refugio que nos queda. El clima en el lugar no fue de tristeza pasiva, sino de una comunión absoluta, demostrando que cuando el mercado y el ajuste intentan separar, la cultura y el sentimiento popular vuelven a unir los pedazos.
Mientras la noticia recorre todos los portales, queda claro que este fenómeno trasciende la música y se convierte en un símbolo de pertenencia. En un país donde parece que todo tiene precio, estas movilizaciones son el recordatorio de que todavía hay cosas que no se venden ni se privatizan.
El Cantón dice: Mientras el Gobierno Nacional insiste con su motosierra y busca desmantelar cuanto espacio cultural encuentra a su paso, el pueblo le responde con la calle. Esta despedida no es casualidad; es la prueba de que, aunque Milei y su equipo intenten convencernos de que 'el Estado no sirve', la cultura sigue siendo el pegamento que mantiene viva la identidad de un país que se resiste a ser solo una planilla de Excel.
¿Qué pasa en Misiones? Para los posadeños, esta movilización se siente cerca. Muchos misioneros que alguna vez viajaron kilómetros para un recital, hoy miran la tele con nostalgia, sintiendo que la falta de acceso a la cultura —producto de los tarifazos y la caída del poder adquisitivo que nos impide viajar— nos deja aún más lejos de estos hitos. En Misiones, donde el acceso a la cultura ya era un desafío por la distancia, las políticas de desfinanciamiento nacional hacen que estos momentos se sientan como un recuerdo de un país que, de a poco, nos están arrebatando.