Gobernadores de Provincias Unidas rechazan “foto con Milei” y cuestionan su modelo económico

Gobernadores de Provincias Unidas rechazan “foto con Milei” y cuestionan su modelo económico

Un puñado de gobernadores agrupados bajo la coordinación de Provincias Unidas decidió dar un paso más que simbólico: descartaron participar de una “foto política” con el presidente Javier Milei, aduciendo que no quieren formar parte de una puesta en escena sin sustancia. En el fondo se esconde una tensión creciente entre el centralismo del Ejecutivo y el reclamo provincial de autonomía real.

Ignacio Torres (Chubut), anfitrión del encuentro en Puerto Madryn, fue contundente: “No nos sentaremos en una mesa que sea una foto que sirva de bálsamo electoral para el Gobierno nacional”, lanzó. Lo acompañaron los gobernadores Martín Llaryora (Córdoba), Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Gustavo Valdés (Corrientes), Claudio Vidal (Santa Cruz) y Carlos Sadir (Jujuy). Esa actitud pública evidencia que la alianza política no logra imponerse cuando los intereses provinciales chirrían con las promesas centrales.

En su discurso, Torres también apuntó al estilo presidencial que caracteriza a Milei: exceso de insultos, gritos y desprecio por las propuestas locales. “Basta de agresiones al que quiere ayudar”, reclamó. Más allá de la forma, la crítica es hacia el contenido: cómo transitar un modelo de ajuste con líderes provinciales que exigen un trato más equitativo.

Por otro lado, Juan Schiaretti (exgobernador de Córdoba) no se quedó atrás y cuestionó el modelo económico que Milei aplica: “Conseguir el equilibrio fiscal a los hachazos, con insensibilidad”, lo definió. Esa idea resume el temor territorial: que las medidas que exige el Ejecutivo nacional castigan desproporcionadamente las provincias que ya sufren asfixia financiera.

Otro punto clave al que apuntan estos mandatarios es el vaciamiento presupuestario: reclaman que el presupuesto 2026 debe ser discutido de modo federal, con voz real para las provincias. Advierten que los intereses provinciales no pueden reducirse a interlocutores menores frente al poder central. 

En definitiva, lo que podría leerse como un gesto simbólico es en realidad una advertencia concreta: los gobernadores no aceptan ser meros decorados en la narrativa presidencial. Quieren resultado, no aplausos. Y exigen que el modelo que prescriben para el país también tenga en cuenta a las regiones que sostienen la estructura económica nacional.