El expresidente brasileño Jair Bolsonaro fue detenido por la policía federal a primeras horas de este sábado en Brasilia. La orden, emitida por el tribunal supremo, se basó en el riesgo de alteración del orden público, la manipulación de su tobillo electrónico de vigilancia y el temor de que sus seguidores facilitaran una fuga.
Bolsonaro llevaba detenido domiciliariamente desde agosto en un lujoso condominio en Brasilia, bajo monitoreo electrónico.
En septiembre había sido condenado a 27 años y 3 meses de prisión tras ser hallado culpable de liderar un intento de golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022.
La detención se produce justo antes de una vigilia convocada por sus seguidores, lo que motivó al magistrado a cambiar la medida para evitar riesgos mayores.
La defensa de Bolsonaro cuestiona la detención, argumentando que la reunión convocada era de carácter religioso y estaría protegida por el derecho a reunión.
A medida que avanza el proceso judicial, crecen las dudas sobre el impacto que las ideas de extrema derecha impulsadas por Bolsonaro dejaron en Brasil: una política basada en la intolerancia, la desinformación y el descrédito sistemático de las instituciones democráticas terminó por profundizar la polarización social y debilitó los consensos básicos necesarios para la convivencia. Su encarcelamiento no solo representa un capítulo judicial para un expresidente, sino también un inevitable llamado de atención sobre los peligros de normalizar discursos que atacan el orden democrático desde adentro.