La ciudad de Buenos Aires registra más de 4.522 personas viviendo en la calle en mayo, un aumento del 38 % desde noviembre de 2023, según datos municipales.
El ascenso de la indigencia y el sinhogarismo ocurre en paralelo al plan de austeridad radical que el mandatario Milei puso en marcha tras asumir en diciembre de 2023, bautizado por medios locales como “el plan motosierras”.
La inflación pasó de superar el 200 % anual a situarse alrededor del 30 %. Pero los recortes han venido acompañados de la pérdida de más de 200.000 empleos formales, el cierre de 18.000 comercios, un endeudamiento doméstico creciente y una caída severa del poder adquisitivo de los argentinos.
Organizaciones que asisten a personas sin hogar señalan que muchas de ellas pierden su vivienda tras perder su empleo, y no tienen recursos para pagar alquiler o subsistir. “Día a día estamos viendo cada vez más gente quedar en la calle”, dice uno de los activistas.
Los recortes han golpeado especialmente a jubilados y personas con discapacidad: se han suspendido prestaciones, congelado pagos a proveedores de servicios esenciales como transporte o terapias, y reducido ingresos reales de pensionados.
El gobierno de Milei logró, además, una victoria amplia en las elecciones intermedias, lo que volvió a poner en evidencia una paradoja: pese al deterioro de indicadores socioeconómicos, su fuerza política logró gobernabilidad reforzada.
Organismos sociales advierten que la combinación entre crisis económica, política de austeridad intensa y ausencia de redes de protección adecuadas está creando una tormenta perfecta para que el número de personas en situación de calle siga creciendo en los próximos años.